Síndrome del ojo seco: qué es y cómo se trata

La queratoconjuntivitis seca, más conocida como síndrome del ojo seco, es una de las enfermedades oculares más frecuentes. Por lo general, la padecen personas de edad avanzada, pero cada día son más los casos de personas jóvenes que la sufren. ¿El motivo? El uso diario del ordenador y de otros dispositivos electrónicos que disminuyen la frecuencia del parpadeo.

Este síndrome afecta a la lubricación habitual del ojo, haciendo disminuir la producción de lágrimas. Como consecuencia de ese trastorno, la calidad de vida de las personas se ve notablemente perjudicada, aunque aún hay muchos que subestiman las molestias que provoca esta enfermedad.

Síntomas  y tratamiento

En este sentido, la doctora Sandra Sáez de Arregui, oftalmóloga de Clínica Baviera Vitoria, afirma que “la sociedad en general cree que los pacientes con ojo seco son pacientes ‘que se quejan por nada’, pero realmente no somos conscientes de las molestias y de las consecuencias que este síndrome acarrea”.

En cuanto a las cifras de personas que padecen este síndrome en España,  la doctora Sáez de Arregui especifica que es difícil establecer un número exacto  “puesto que los síntomas pueden ser inespecíficos y muchos pacientes no acuden al especialista a solicitar tratamiento”. Sin embargo, “los estudios publicados coinciden en que el ojo seco tiene una prevalencia de entre un 10% y un 20% de la población adulta”.

La manera más común de diagnosticar la queratoconjuntivitis seca es examinando una muestra de la lágrima, para lo que se usa un biomicroscopio llamado lámpara de hendidura. Además, el especialista puede realizar la prueba de Schirmer para cuantificar la producción de humedad en el ojo.

Una vez detectado el problema, se establece un tratamiento específico  para el paciente que dependerá del origen del cuadro y de su gravedad. El primer paso es descartar los elementos externos que agudizan los efectos del síndrome del ojo seco como el uso de ordenadores, calefacciones, etc.

Posteriormente, según la doctora Sandra Sáez de Arregui, se hidrata la córnea con “lágrimas artificiales en diferentes concentraciones y con componentes distintos.  Estos fármacos suplen las lágrimas que el paciente produce en menor cantidad. Hay otros tratamientos que estimulan la producción de la lágrima (secretagogos), otros son  antiinflamatorios, inmunosupresores y sustitutivos biológicos”. Los  casos más graves, por lo general, requieren tratamiento quirúrgico.

En la actualidad se han realizado importantes avances en los tratamientos. El suero autólogo, y los colirios de membrana amniótica son algunos de los sustitutivos biológicos que se están comenzando a utilizar y que aportan beneficios en lo relativo a los factores de crecimiento y al enriquecimiento de algunas sustancias beneficiosas para la lágrima. Sin embargo, los pasos más importantes se han dado en el área de la terapia celular destinada a mejorar los componentes del líquido lubricante del ojo.

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