Tipos de ojos: algunas diferencias que caracterizan a las especies

Si se quiere entender de una manera simple el funcionamiento de los ojos en los vertebrados –y, aunque no lo creáis, en algunas especies de moluscos-, el ejemplo más utilizado por los especialistas viene como anillo al dedo: son como cámaras fotográficas; las imágenes se proyectan en la retina, lugar en el que la luz se transforma en una serie de impulsos nerviosos que llegan al cerebro a través del nervio óptico.

A pesar de esta realidad, existen aspectos diferenciadores en la visión de cada especie que fueron determinados por la manera en que cada una se adaptó a su entorno. Por ejemplo, los artrópodos (animales invertebrados con exoesqueleto y apéndices articulados) poseen ojos compuestos, que son los que están constituidos por miles de pequeños ojos que forman una esfera sobre las cabezas de insectos, arañas, escorpiones, crustáceos, ciempiés y milpiés. Debido a esta característica pueden ver en 360 grados.

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La mayoría de los mamíferos (incluidos los humanos), junto con los reptiles y las aves, tienen los ojos fijos en el centro de la cabeza, lo que nos permite distinguir la profundidad y la distancia. Sin embargo, los cocodrilos, los lagartos y lo hipopótamos los tienen en la zona superior del cráneo; esta peculiaridad les da la posibilidad de sumergirse en el agua sin perder la perspectiva de su entorno, divisar presas y protegerse del sol.

El color de los ojos es otro factor diferenciador. A diferencia de los humanos, que los  tenemos de diferentes tipos de azul, verde, azul-gris y marrón, otros animales cuentan con una mayor variedad. En los perros, por ejemplo, las opciones abarcan un amplio espectro de tonalidades que van desde el celeste al amarillo. Lo mismo ocurre con los felinos. Pero también hay casos que funcionan a la inversa: los gorilas, por ejemplo, sólo tienen los ojos negros con iris color marrón claro.

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Otro aspecto diferenciador es el rango visual. En los humanos abarca el rojo, naranja, amarillo, verde, azul, violeta y añil. Esto cambia en el caso de las abejas, que ven el ultravioleta, y las serpientes de cascabel, que distingue las tonalidades infrarrojas.

Clínica Baviera

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